Lima

Llegamos a Lima a las 6:00 de la mañana. Debo confesar que no era la primera vez que visitaba la capital peruana, así que ya tenía una vaga idea de cómo era la ciudad vista desde un turibus. Pero ahora quería caminar cada una de sus calles y tratar de llegar a todos los lugares que me fueran posibles.

Y así lo hice, en un mismo día llegué por accidente a una de las villas de la ciudad por la mañana, almorcé un increíble ceviche en Miraflores por la tarde y por la noche conseguí hostal en un quinceavo piso del centro de la ciudad. Creo que logré conocerlo todo, o bueno, casi todo lo que un turista común o no tan común puede conocer de una ciudad tan grande que tiene tanto que ofrecer.

Creo que la mejor forma de describir a Lima es diciendo que es una de las ciudades en las que definitivamente me gustaría pasar un largo tiempo de mi vida. Lo digo porque es un lugar en el que creo nunca podría aburrirme. Es una ciudad con mucha historia y con una gran variedad de paisajes. Brinda todas las comodidades de una ciudad moderna, con infinidad de lugares para salir y conocer, con mar y con la mejor comida que he probado; además de ser una ciudad latina con todas sus inconvenientes y contrastes, en la que estaría feliz de quedarme.

Como les decía, aquí tienen mucho por conocer. Por mi parte empecé por el centro, la plaza San Martín, La Plaza Mayor, los corredores coloniales y sus plazas intermedias, la catedral y la infinidad de iglesias que hay a su alrededor. Los museos deben ser una parada fija, no sólo por la rica historia indígena sino también por la colonial. No hay que olvidarse que aquí existió un importante virreinato y tal vez lo más interesante de esta ciudad es ver la forma como se mezclan esas dos culturas, hasta el proceso de consolidación nacional.

Después de haber conocido toda la Lima colonial, era hora de visitar el resto de su historia precolombina representada en sus huacas o ruinas indígenas.  Pizarro, construyó la ciudad sobre los territorios y asentamientos de los Lima, a los cuales conquistó y subyugó. La ruina más grande que aún existne de este grupo son las de Pachacamac, que quedan a unos 45 minutos de la ciudad.

Así que al tercer día tomamos un bus, coche o combi, ya no sé, y salimos hacia aquel lugar. El paisaje en nuestro recorrido cambió drásticamente, a medida que empezábamos a salir de la ciudad los suburbios empezaban a notarse cada vez más, hasta que sin saber cómo terminamos en una de las villas de la ciudad, cerca de las ruinas.

El contraste era bastante grande ya que la villa, al igual que el resto de las periferias de las ciudades latinoamericanas, se encontraba en una situación bastante precaria y las ruinas por el contrario tenían kilómetros de desierto y un gran museo en el medio. Me queda la duda entonces de si a veces no es más importante preocuparse por los que siguen vivos y no por tanto por los que ya se fueron; pero en fin ese es otro tema.

El último día recorrimos todo lo que no habíamos podido ver de Miraflores y los Barrancos y conocimos el puente de los suspiros, un camino que llevaba al mar con restaurantes en cada una de sus esquinas. Allí nos tomamos la última cerveza y esperamos a que cayera la tarde, de esa manera nos despedimos de la ciudad a la que espero volver en un corto tiempo.

Ahora estamos en la estación con destino a Ica, una ciudad al sur de Lima en la que nos esperan Huacachina y Nasca. Allá esperamos encontrarnos con un oasis en la mitad de un desierto y poder ver y entender la verdadera historia de sus líneas.

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