Nasca – Huacachina

Cuando pensaba en los posibles destinos en Perú sólo se venían a la cabeza Machu Pichu, Cuzco o tal vez Lima, pero a cada paso que doy en este país descubro cada vez más cosas y me quedan pendientes otras más.

Algo así me ocurrió cuando salí de la ciudad de Lima con rumbo a Ica, una pequeña población al sur de la capital peruana. Llegué muy temprano y me quedé en la terminal esperando a que amaneciera para tomar el siguiente bus a Nazca. Estando allí, descubrí que muy cerca de la ciudad se podía ver un oasis. Así que decidí cambiar de planes y salir a ver de qué se trataba.

A unos diez o quince minutos de Ica se encuentra una población llamada Huacachina. Este pueblo se encuentra rodeado por dos grandes dunas (montañas de arena) y en la mitad tiene un pequeño lago rodeado por árboles. Me había encontrado con un oasis, uno de verdad.

En esa pequeña parada, además de ver el paisaje y descansar cerca al lago, la actividad más popular es salir a recorrer el desierto en buggys. Como no tenía mucho tiempo, salí esa misma tarde a recorrer las dunas, por las que hace unos días había pasado el Rally Dakar. Pasee durante dos horas por el desierto recorriendo las montañas de arena y en los picos más altos nos deteníamos para hacer algo de sand boarding.

Después de esa experiencia y de haber conocido un verdadero oasis, regresé a la terminal de Ica para retomar la ruta de viaje planeada. Ahora si iba con rumbo a Nazca. Ésta es una ciudad desértica al sur de Ica que vive del turismo y la minería. Así que no hay mucho más que hacer que concentrarse en conocer las líneas.

Con respecto a las líneas, tenía dos versiones de las personas que las conocían o que en algún momento habían pensado en verlas. La primera versión era la de aquellos que decían que no valía la pena, que era muy caro y que no justificaba hacer el gasto. Por otro lado, estaban aquellos que habían ido y tan solo las habían visto desde una pequeña torre que ubicada al lado de la carretera. Ellos decían que verlas desde la torre no valía la pena, que la mejor forma de hacerlo era desde el aire.

Así que tomé la segunda recomendación y decidí verlas desde un aeroplano.  Salí hacia el aeropuerto y una vez había pasado las medidas de seguridad, me sentaron finalmente en el pequeño avión en el que sólo cabíamos el piloto, el copiloto, mi novia y yo. Con el equipo y las instrucciones de vuelo listas, el aeroplano empezó a carretear y aun sin sentir que acelerábamos, nos vimos de repente despegando lentamente.

Pasados unos minutos ya podía ver todo el valle de Nazca y a medida que avanzábamos íba viendo cada una de las 13 figuras que se podían ver en el recorrido. El vuelo fue  increíble, ver esas figuras gigantescas regadas por todo el valle y saber que algunas de ellas sobreviven desde antes de Cristo, deja volar la imaginación y permiten preguntarse para qué servían o porqué aun siguen ahí.

Después de haberlo hecho, mi conclusión es que definitivamente vale la pena. Si, es caro pero creo que cada peso lo vale, sobre todo para todos aquellos que como yo nos apasionan este tipo de cosas. Creo que la única manera de ver y entender las líneas es teniendo la oportunidad de verlas en toda su dimensión y sentir lo increíbles que son.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Enrique Sierra dice:

    Qué maravilla, José Daniel. Esperamos ver las fotos. Buena continuación de tu viaje

    1. Hola Enrique. Las fotos están en facebook para que veas lo increíbles que son esas lineas. un abrazo.

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